Estas son unas cuantas fotos que tenía por ahí guardadas y que todavia no las habia enseñado.
Corrresponden al paso postnupcial y fueron realizadas en las marismas de Zumaia, un sitio que aunque se haya quedado pequeño, siempre alberga limicolas y con un poco de paciencia ( y sin molestia de gente y perros, esto último muy importante....) uno puede hartarse a apretar el disparador.
Para realizar las fotos, se hizo el acercamiento típico con las límicolas, cuerpo a tierra y acercarse poco a poco arrastrandose por la arena.
Este pasado sábado, acompañado de dos buenos amigos, estuve en uno de los hides que hay en la laguna de Gallocanta. Habia previsión de nieve para este dia, pero al final la cosa se quedo en sólo un poco de granizo, lástima...
Es ya el segundo año que visito este lugar tan propicio para fotografiar grullas. Aunque esta vez, a diferencia del pasado año, he tenido un nutrido grupo durante buena parte del dia, he acabado con mal sabor de boca ya que no he podido hacer grandes cosas. Resulta muy complicado retratar una escena de acción en la que no aparezca una grulla no invitada que no estropee la escena.
El dia comenzaba con un fuerte viento y no cesó durante toda la jornada. Cuando las rachas de viento eran intensas, las grullas se veian forzadas a caminar de lado y muchas de ellas aprovechaban la pequeña laguna cercana al hide para refugiarse.
Nikon D300s -- Nikkor 500mm f4 vr
f7.1 -- 1/500 -- iso 400 -- TC14 II
f7.1 -- 1/2000 -- iso 400 -- TC14 II
Resulta muy dificil aislar ejemplares que representen algo de acción, las grullas se alimentan en grandes grupos y es muy sencillo que se interponga algun ejemplar no deseado en el encuadre.
f7.1 -- 1/500 -- iso 400
f7.1 -- 1/2000 -- iso 400 -- TC14 II
Las peleas son la tónica habitual por estas fechas
f7.1 -- 1/1600 -- iso 400 -- TC14 II
f7.1 -- 1/800 -- iso 400 -- TC14 II
f6.3 -- 1/500 -- iso 200
f6.3 -- 1/320 -- iso 800 -- TC14 II
f5.6 -- 1/8000 -- iso 640
Creo recordar al menos tres granizadas durante las 12 horas que duró la sesión, tuve que secar en dos ocasiones el cristal del objetivo ya que el viento de cara hacia que el granizo penetrara por el parasol.
f6.3 -- 1/1000 -- iso 800 -- TC14 II
Ejemplar joven de primer año en vuelo.
f4 -- 1/2000 -- iso 640
Vista desde el hide en el que estaba a última hora del dia, aqui se ven los dos hides restantes que hay para fotografiar grullas.
El invierno sigue adelante y ya cada vez quedan menos oportunidades para fotografiar a estas bellezas. Es cierto, que por la zona criará alguna que otra pareja, pero la gran mayoria de ellos retornará a sus lugares de cria en el norte de europa.
Las sesiones con ellos suelen desesperar bastante, ya que no se deciden a bajar al suelo e intentan una y otra vez coger la carne al vuelo. Cogerlos posados tambien me está resultando dificil, se hace complicado traerlos donde uno quiere y aunque conozco varios posaderos, siempre son arboles con muchas ramas que suelen tapar al individuo.
Dedicar en exclusiva el invierno a esta preciosidad de rapaz, resulta agotador y uno ya se acostumbra a volver a casa de vacío, aunque de vez en cuando, resulta que uno de ellos decide posarse en una rama no tan lejana y uno tiene el placer de contemplarlo durante unos minutos.
No habia pasado un minuto desde que cogió el posadero cuando empezó una granizada que duraría unos 25 minutos, en el breve descanso que hubo en mitad del chaparrón desapareció para no volver.
Por segunda vez este invierno hizo su aparición el señor ratonero, una vez mas no le esperaba a él, sino a los preciados milanos, que se resisten una y otra vez.
Por mucho modo "Quiet" que dispongamos en la cámara, y hay que reconocer que el ruido del obturador disminuye, las rapaces lo siguen oyendo igual igual, en este caso no aguntó mas que este disparo y desapareció para no volver en lo que restaba de dia
Estas fotos son del fin de semana pasado, estan realizadas en la misma sesión que las del milano real.
Este ratonero, apareció bien temprano, no llevaba ni dos horas en el hide cuando se posó en el arbol próximo. A los pocos segundos ya lo tenia posado en el suelo, observando la pieza que se iba a zampar.
Se tiró una hora y media llenando el buche. Pasado este rato, se retiró unos 20 metros para hacer la digestión. Transcurridas dos horas, volvió de nuevo a comerse lo que habia dejado y empleó una media hora hasta que se sació por completo.
De nuevo volvió a su lugar de descanso hasta que al rato decidió emprender el vuelo.
Sabiendo lo dificil que se hace ver a uno de estos en el suelo, me sorprendió mucho cuando este ejemplar se posó a la izquierda de mi hide. Fue caminando poco a poco hasta colocarse encima de la presa. La distancia estaba mal calculada, aunque tampoco reparé mucho en ello, ya que ni se me pasaba por la cabeza que pudiera bajar a comer. Le esperaba en un posadero alto, que es donde les gusta ponerse, ya que siempre utilizan las ramas mas altas de los arboles para posarse.
Esta vez fué diferente, y quizás animado por el ratonero que tenia en el suelo delante de mi hide, el silbador de las rapaces decidió bajar, eso si, no sin antes hacerle unas pasadas a la presa intentandosela llevar a un lugar mas seguro.
Llevaba ya mucho tiempo detrás de esta imagen. Siempre que veía una foto de un águila real sobre un zorro, me llamaba mucho la atención, y es que ver el tamaño que tiene comparado al del zorro impresiona.
Siendo aún noche cerrada ascendía yo hacia el hide, ella, mientras tanto, estaría sobre la encina en la que suele dormir. Tardó poco en desperezarse y aparecer en su oteadero, eran entonces las 7:40.
Se posó en una roca trasera, en la que le podía ver poco más que la cabeza. Estaba a escasos dos metros del zorro y observaba a éste continuamente. A los 20 minutos, se decidió y dió un saltito para posarse sobre él.
En total la tuve delante una hora y veinte minutos. Es impresionante lo que impone la bicha, yo creo que no había estado tanto tiempo tan quietecito en mi vida, cada vez que me miraba de frente me daba apuro hasta respirar, parecía que podía intuir que yo estaba ahí, es un ave realmente extraordinaria.